Imagina Jamaica a finales de los años 50, invadida por la fiebre de la Independencia y preparándose para la izada de la bandera en 1962. En el centro de Kingston el boom de los Sound Systems y la competición por los sonidos más frescos es feroz. Como los sonidos importados del Rhythm & Blues americano no contentarían esas almas, el nacimiento de la música popular jamaicana para las masas era inevitable.
Sumado a esto, cabe destacar la generación de músicos de formación clásica que abrazaron el sentido aventurero del Jazz, y masas de gente que simplemente querían bailar. Fue algo sorprendente por el hecho de que esta pequeña isla, cuya población total es la mitad de la población londinense, se convirtiera en una fuerza tan importante en el panorama global de la música.
La música no es el único legado que ha dejado Jamaica al mundo, pero es la manera a través de la cual muchos jamaicanos han elegido definirse e identificarse. Se habla de cómo la música y el canto levantaron sus espíritus frente a la esclavitud y el colonialismo, convirtiéndose en armas contra la corrupción y los desórdenes públicos. Dio a los pobres una voz y algo a lo que denominar como propio, festejar las alegrías de la isla y promulgar el One Love alrededor de todo el mundo.
Durante 50 años, el medio de difusión por excelencia eran las fiestas llevadas a las espaldas por los Sound Systems que emitían generalmente las canciones que más pegaban en la isla en las áreas más céntricas de los ghettos. Es porello por lo que durante tanto tiempo la música jamaicana ha estado arraigada al pueblo y a su entorno.
Basado en texto de la BBC




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